Clientes que es mejor evitar

¿Freelance o emprendedor? 10 clientes que es mejor evitar

¿Te has puesto a pensar que existen clientes que es mejor evitar?

Sobre todo al principio de nuestra vida como emprendedores (y créeme, mi principio no está muy lejos en el tiempo), es muy comprensible que sintamos la necesidad de “correr a los brazos” de todo aquel que muestre signos de querer ser nuestro cliente.

Creo que la relación con nuestro cliente es, en muchos aspectos, parecida a un matrimonio.

También aquí se dan los malos matrimonios. Esos que nos roban las energías.

Yo, lo confieso, he tenido varios. Cuando lo pienso, llego a la conclusión de que desde el principio daban claras señales de que iban a terminar mal. Como un noviazgo tóxico, igualito. Yo era la única que no veía esas señales de esos clientes que es mejor evitar.

Aunque dicen que “uno no escarmienta en cabeza ajena”, yo sigo creyendo en la capacidad del ser humano de aprender de los errores ajenos. Por eso quiero compartir contigo algunos de mis desamores (hablando de clientes, claro.)

No somos perfectos. Pero aquí no me refiero a simples rasgo molestos que pueden ser llevaderos. Son personas que llevan estas características al límite y son capaces de hacernos vivir pesadillas.

Clientes que es mejor evitar

El regateador, el primero de los clientes que es mejor evitar

Cuando conocí a Mario, me contó en la primera cita que antes de hablar conmigo había hecho varias cotizaciones para ver cuál era más barato.

No me preguntó por mi experiencia, ni por lo que yo podría aportarle. Tampoco le interesó si tenía estudios en el tema ni si había clientes satisfechos.

Solo veía números.

Como si fuera poco, supe por una tercera persona que trabajó con él en otros asuntos que, después de seis meses de trabajo, la había cambiado por una practicante recién salida de la universidad.

Doble alerta. Pero como yo recién empezaba, accedí a igualar mi tarifa. Grave error.

¿Porqué Mario está en la lista de clientes que es mejor evitar? Personas como él no valoran nuestro trabajo. Solo cazan ofertas. Lo peor es que después exigen como si hubieran pagado la tarifa más alta.

Para no cansar con la historia, a los seis meses ya estaba tan harta y agotada de tanto regateo que yo misma tomé la decisión de dejarlo.

Hay una frase que no preciso de quién es, pero me encanta. Dice que si estás cobrando lo que crees que vale tu trabajo a conciencia, tus servicios no son caros. Simplemente no todos pueden o quieren pagarlos.

Esto  puede no tener relación con el poder adquisitivo (real o aparente) del prospecto. He tenido clientes con negocios pequeños muy agradecidos y cumplidos. Otros con mucho dinero que están de primeros en la lista de clientes que es mejor evitar.

El cliente con complejo de superioridad

Karla sabía de SEO (decía que era fácil pero no tenía tiempo de hacerlo), de redes sociales (¿quién no sabe de eso si hasta su sobrino menor las usa?). También de diseño (una vez ganó un concurso y tenía un programa “re-fácil” para hacer diseños).

Sabía de… todo.

Y todo era muy fácil (¡para nada estudié tanto!) El mensaje detrás de esto, es que mi trabajo no valía. Que me contrataba porque ella estaba “tan ocupada” que no tenía tiempo para nada.

Por supuesto nada de eso es cierto. Ni sabía tanto ni la cosa es tan fácil.

Pero ella era el equivalente a esos novios que son excelentes boicoteando nuestra autoestima.  Claro, al final conmigo no funcionó. Pero la verdad hubiera perdido menos el tiempo si desde el principio hubiera dicho un rotundo NO.

El estratega

Derivado del anterior tenemos al estratega.

Este cliente también cree que lo sabe todo. ¿En que se diferencia del anterior? Está convencido de que debe colaborar.

Eso está bien si no fuera porque al hacerlo se mete en asuntos que no conoce y trata de imponer algunas de sus ideas. Pasa “investigando”, y quiere hacerte correr hacia el siguiente “objeto reluciente” sin plantearse si está o no bien para su negocio.

El síndrome del objeto reluciente se refiere a esa necesidad de saltar de estrategia, tendencia o herramienta a otra con gran rapidez y sin fundamento, encandilados por la novedad.

Si te interesa saber más sobre el Síndrome del Objeto Reluciente puedes escuchar aquí la explicación de Borja Jirón:

Escucha”27: El síndrome del objeto reluciente” en Spreaker.

Frases típicas que te ayudarán a reconocer a estos clientes que es mejor evitar:

  • “El otro día leí sobre…”
  • “Hagamos esto que le está funcionando a fulanito.”
  • “Quiero unos diseños como estos (y procede a enseñarte los de otra marca) “

El resultado, si no puedes marcar los límites, es una serie de remiendos sin sentido en tu estrategia.

El incumplido

De estos he tenido varios. Son aquellos que por múltiples razones no pagan o no entregan lo que necesitas para trabajar a tiempo.

Aquí no hay nada personal en tu contra ni mala intención de su parte. El caos es parte de su vida en todos los ámbitos.

Pero igual, es muy desgastante.

Así que si ves señales como atrasos cada vez mayores en los pagos, “desapariciones misteriosas” cuando tenían que entregarte los textos de su web o necesitas confirmar una cita, ¡cuidado!

Es mejor dejar las cosas bien claras desde el principio. O cortar de raíz a tiempo.

Si su incumplimiento es solo en los pagos, puede que tenga que ver con el siguiente caso de clientes que es mejor evitar.

El que está “en quema”

Las señales son claras desde el principio.

  • No está vendiendo lo que necesita.
  • Está estresado.
  • No tiene presupuesto para nada.

Pero hizo “un gran esfuerzo” para invertir en tus servicios para “levantar su negocio”.

Le hablas de hacer campañas de anuncios y es como pellizcar un vidrio, porque realmente no te está mintiendo: no tiene plata para nada y su negocio no va bien.

Cuidado.

Lo que probablemente está pasando aquí es que por otros motivos (mala administración o servicio al cliente, deficiencia en la parte de ventas, o peor aún, un mal producto o servicio), su negocio no está funcionando como él/ella quisiera.

Si, uno de esos motivos puede ser que debe mejorar el marketing. Pero la situación es más compleja que eso. Esta persona está poniendo en tus espaldas el peso de algo que no está en tus manos.

Quiere que lo salves en tiempo record y con presupuesto limitadísimo.

Puedes asumirlo y dar todo. Pero recuerda que no hay redes sociales que salven una empresa que va en picada. Y lo peor es que cuando lleguen los resultados (que pueden ser buenos pero no lo suficiente), ¿adiviná quien va a salir crucificado?

Para trabajar bien hay que hacerlo con tranquilidad y con el presupuesto adecuado. No tener que salir cada día a apagar incendios.

Sobre todo es importante poder implementar un plan de social media que te de resultados progresivos.

El indeciso

La semana pasada estaba con el ánimo un poco bajo porque había tenido uno de esos clientes que te dejan sin ganas de hacer nada. Era uno de esos trabajos en que pones todo tu empeño y sin embargo, por alguna razón, las cosas no salen.

Por eso cuando recibí la llamada de Andrea contándome que le había gustado mucho un trabajo que le hicimos y estaba feliz (¡en la primera entrega!), sentí una gran satisfacción.

A veces con los clientes difíciles las cosas son demasiado lindas para ser verdad.

En la noche recibí otro correo diciendo que quería “unos pequeños cambios”.

Pues… no eran tan pequeños. De hecho, contradecían totalmente lo que había pedido al inicio.

Eso pasó unas ¡tres veces!

Está bien que el cliente pida cambios. En la mayoría de los casos es necesario hacer ajustes. Pero cuando se trata de modificaciones sustanciales a la estrategia inicial, sin siquiera haberla implementado adcuadamente, algo anda mal.

Este cliente, al igual que el “estratega”, se deja llevar por “objetos relucientes”. Pero es más inseguridad que mala intención. Por eso no le huyo del todo, pero es importante poner claras las reglas del juego desde el inicio.

El desconfiado

Quién sabe que le ha pasado en la vida a este pobre. Pero sin duda algo le ha sembrado una desconfianza monumental con la que amenaza hacernos la vida de cuadritos.

Desde el principio tiene una obsesión con los contratos. Créeme, los contratos son indispensables. Pero lo de este individuo raya en la paranoia: te cuestiona cada paso, ve trampas y posibles abusos de tu parte en cualquier lado.

Para una buena relación de trabajo las cosas deben estar claras desde el principio. Pero también es importante la confianza para que todo fluya.

Si ya es la segunda vez que te interroga porque piensa que le estás pasando información a la competencia, o te mete más clausulas de confidencialidad en tu contrato que la CIA, creeme, no vale la pena.

Trabajar con alguien pisandote los talones para ver donde caes es agotador.

El encantador absorbente

Este es muy peligroso, porque de inmediato te hace caer en sus redes con sus encantos.

Es un manipulador por excelencia, con un magnetismo inigualable. De pronto te hace sentir que eres lo máximo que ha pasado por su vida.

Todos felices, hasta que…

Pasan los meses y caes en cuenta de que hasta le lavas los calcetines, y por tu propio gusto. Has caído en su espiral de proyectos y “favores”, estás agotada/o y no sabes cómo salir.

Ya no tienes tiempo ni para tus cosas. En tu casa te reclaman porque te llama a altas horas de la noche.

Mi mejor consejo: da marcha atrás. Por muy bien que te caiga o te encante su compañía…

El que es una mala persona

Todos los casos anteriores, aunque molestos y agotadores, pueden tratarse de buenas personas (aunque tóxicas).

Pero este no. Por eso talvés es el peor.

No importa que pague bien o te deje trabajar.

Cuando trabajas con una mala persona, que comete abusos o hace cosas indebidas, es como caminar en arenas movedizas. No sabes cuando serás el siguiente en ser hundido.

Además, llámame idealista, pero creo en las buenas energías. Estar a la par de una nube negra no traerá nada bueno a tu vida.

El frankestein

Este es ya de antología . Se trata de una mezcla de dos o más de los anteriores. Nada que explicar aquí. Es cuestión de sumar 1 + 1  ¡y salir corriendo!

¿Tienes otro de esos clientes que es mejor evitar?

Este es mi “top 10”. ¡Vaya que he tenido de cada una de estas categorías! Y me han sacado las canas.

Para que no te pase lo mismo te dejo aquí este artículo tan interesante de Laura Ribas. 

¿Se te ocurre alguno más? Déjamelo saber en los comentarios y lo incluiré en la lista de clientes que es mejor evitar.

 

Gaby Ugarte. Social media strategist y content creator. Ayudo a emprendedores y pequeñas empresas a hacer crecer su negocio en social media con mi metodología PEC.

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2 Comentarios. Dejar nuevo

  • Me identifique mucho, por desgracia me a tocado trabajar con más de uno de este tipo, yo agregaría al bipolar, al que cuando te pide cotización es un dulce y lo que necesita es muy sencillo, pero que una vez que aceptan te paga por adelantado y de aquí en adelante se vuelve un ogro explotador que pide más que lo que cotizó y como ya pago mmmm, además después de ser grosero finge demencia y otra vez es dulce, tengo uno así y la verdad ya no se ni como darle la vuelta es muy desgastante. ¿Qué consejos puedes dar para decirles adios, sin quedar como la mala? Gracias Y saludos.

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    • Ay Hayde… se que no es gracioso pero me ha dado una risa! Porque mientras describías al bipolar se me venían a la mente un par de personas… Tienes razón, también hay bipolares. :/ En cuanto al consejo para decirle adiós primero te diría que prepararas el terreno. Buscando un cliente para sustituirlo, ordenando todo el trabajo. Luego, decirle que estás en otros proyectos y no puedes seguir, pero darle un tiempo para que consiga alguien. Eso si, un tiempo definido.
      Pero vieras que lo más importante es tomar medidas para que esto no ocurra de nuevo. Es decir, redactar contratos puntuales donde diga que incluye y que no. Este contrato te lo deben dar firmado para iniciar con el trabajo. Cuando quieran pedir más, les dices claramente que eso no está en el contrato. Luego, todo lo que pidan, mejor por escrito. Igual contestas por escrito. Para que luego no digan que no les contestaste o así.Te prometo que voy a hacer un artículo sobre esto en las próximas semanas.

      Responder

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